lunes, 28 de junio de 2010

Santos Pedro y Pablo


Desde muy antiguo, la Iglesia ha unido en un mismo día, el 29 de junio, la celebración de los apóstoles SAN PEDRO Y SAN PABLO. Esta unión se daba ya en el año 258, según consta en un viejo calendario litúrgico romano. Fue probablemente ese año cuando sus reliquias fueron trasladadas a las Catacumbas, junto a la Vía Apia, al lugar donde se levantaría, en el s. IV, la basílica de los Apóstoles, hoy llamada de San Sebastián. En el Nuevo Testamento, rico en noticias biográficas de San Pedro para el tiempo que acompañó a Jesús y para el tiempo en que dirigió carismáticamente la primitiva comunidad cristiana de Jerusalén e hizo sus visitas pastorales por Samaria y otros lugares de Palestina, guarda silencio sobre su posterior actividad y sobre sus últimos días. Más abundantes son las noticias que nos conserva sobre San Pablo, cuyas correrías misioneras recoge su compañero San Lucas en los Hechos de los Apóstoles, hasta llegar a la prisión en Roma, aunque sin revelar el desenlace final. Los caminos da ambos apóstoles son divergentes: Pedro se dedicó principalmente a los judíos, y Pablo, a los gentiles. Los dos coincidieron algún tiempo en Jerusalén, al acudir allí Pablo a buscar el reconocimiento y respaldo de su apostolado por parte de Pedro. Y coincidieron también en Antioquia, donde se produjo el enfrentamiento por causa de la pretendida observancia de las leyes judías. Los dos murieron en Roma, sin que sepamos cuándo ni en qué lugar concreto. Desde luego, no parece que fuera el mismo día y lugar, porque los sepulcros se encuentran en sitios distintos: el de Pedro, en el Vaticano; el de Pablo, en la Vía Ostiense, donde hoy se levantan las respectivas basílicas sepulcrales. Se da por cierto que murieron los dos durante la persecución de Nerón, pero los relatos sobre su martirio: crucificado Pedro (y, además, boca abajo) y decapitado Pablo, con otros detalles, no aparecen hasta varios siglos después, por lo que, aunque pudieran tener un fondo de verdad, no resulta fácil identificarlo. El hecho mismo del martirio lo atestigua, ya en el mismo siglo primero, el papa San Clemente, presentando a los apóstoles como "máximas y justísimas columnas de la Iglesia". Unidos en especial relación con Roma los presenta, a comienzos del s. II, S. Ignacio de Antioquia. Divergentes en vida, unidos por la muerte en la misma ciudad de Roma, durante la misma persecución, fueron en Roma siempre, desde los primeros tiempos, conjuntamente venerados, y, desde ella, se extendió la veneración litúrgica conjunta al mundo entero.

viernes, 18 de junio de 2010

Pensamientos de Madre Mercedes


Todas nuestras acciones y vida virtuosa junto con nuestra oración al divino Espíritu, tienen que ir encauzadas a desarraigar y dar muerte con más acierto y eficacia a nuestro ‘yo’, que es lo que estorba e impide que aparezca en nuestra alma, mediante la humildad, mansedumbre, bondad, paciencia y caridad, la preciosa y adorable imagen de Jesús que subyace en el fondo de nuestra alma. ( Madre Mercedes)

domingo, 6 de junio de 2010

Solemnidad del Corpus Christi


Así nos ama Jesús, con todo su Ser, que lo hace ser alimento del nuestro para sembrar en nuestro corazón su misma vida eterna, su Ser divino. (Madre Mercedes)

domingo, 23 de mayo de 2010

Día de Pentecostés



El Espíritu Santo, por medio de los acontecimientos, golpea nuestro ‘yo’ para descortezarlo y así aparezca la imagen de Jesús en nuestra alma. (Madre mercedes)

viernes, 14 de mayo de 2010

El próximo Domingo día de la Ascensión


Esta solemnidad ha sido trasferida al domingo 7º de Pascua en muchos lugares desde su día originario, el jueves de la sexta semana, cuando se cumplen 40 días después de la Resurrección, conforme al relato de San Lucas en su evangelio y en los Hechos de los Apóstoles; pero sigue conservando el simbolismo de la cuarentena: cómo el Pueblo de Dios anduvo cuarenta años en su éxodo de Egipto hasta llegar a la tierra prometida, así Jesús cumple su éxodo pascual en cuarenta días de apariciones y enseñanzas hasta ir al Padre. La Ascensión es un momento más del único Misterio Pascual de la muerte y resurrección de Jesucristo, y expresa sobre todo la dimensión de exaltación y glorificación de la naturaleza humana de Jesús como contrapunto a la humillación padecida en el suplicio y la muerte. Este es un día que nos enseña a comprender y vivir el misterio litúrgico, proclamando un momento de la existencia de Cristo y participando por la eucaristía en Él, "en quien nuestra naturaleza humana ha sido tan extraordinariamente enaltecida que participa de su misma gloria".

San Isidro Labrador 15 de Mayo


Patrono de Madrid, ante su sepulcro se postraron los reyes, los arquitectos le construyeron templos y los poetas le dedicaron sus versos. Lope de Vega, Calderón de la Barca, Burguillos, Espinel, Guillén de Castro, honraron a este trabajador madrileño. El historiador Gregorio de Argaiz le dedicó un gran libro: "La soledad y el campo, laureados por San Isidro". Fue su misión, laurear el campo, frío, duro, ingrato, calcinado por los soles del verano y estremecido por los hielos de los inviernos. El campo quedó iluminado y fecundado por su paciencia, su inocencia y su trabajo. No hizo nada extraordinario, pero fue un héroe. Alegre y, sin embargo, tan pobre. Isidro cultivaba el campo de Juan de Vargas, ante quien cada noche se descubría para preguntarle: "Señor amo, ¿adónde hay que ir mañana?" Juan de Vargas le señalaba el plan de cada jornada: sembrar, barbechar, podar las vides, limpiar los sembrados, vendimiar, recoger la cosecha. Y al día siguiente, al alba, Isidro uncía los bueyes y marchaba hacia las colinas onduladas de Carabanchel, hacia las llanuras de Getafe, por las orillas del Manzanares o las umbrías del Jarama. Empezaba la vida de familia. A la puerta le esperaba su mujer con su sonrisa y su amor y su paz. María Toribia era también una santa, Santa María de la Cabeza. Un niño salía a ayudar a su padre a desuncir y conducir los bueyes al abrevadero. Era su hijo, que lo era doblemente, porque después de nacer, Isidro le libró de la muerte con la oración. Luego arregla los trastos, cuelga la aguijada, ata los animales, los llama por su nombre, los acaricia y les echa el pienso en el pesebre, pues, según la copla castellana: “Como amigo y jornalero, - pace el animal el yero, - primero que su señor; - que en casa del labrador, - quien sirve, come primero”. Hasta que llega María restregándose las manos con el delantal: "Pero ¿qué haces, Isidro, no tienes hambre? -le dice cariñosamente-. Ya en la mesa, la olla de verdura con tropiezos de vaca. Pobre cena pero sabrosa, condimentada con la conformidad y animada con la alegría, la paz y el amor. Y eso todos los días; días incoloros pero ricos a los ojos de Dios. Lo que sabemos de su vida se debe al diácono de San Andrés, que conoció a su paisano y sólo ocupa media docena de páginas. ¿Quién es capaz de extender más la descripción de un labriego sencillísimo que cruza por esta vida sin ninguna aventura externa y sin más complicación que la personalísima de ser santo a los ojos de Dios? Fue un hombre sencillo, su villa era pequeña. Madrid era rica en aguas y en bosques, con su docena de pequeñas parroquias, sus estrechas calles y en cuesta, su alcázar junto al río, su morería y sus murallas. Un puñado de familias cristianas, entre ellas, la de los Vargas, que era la más rica, alrededor de la parroquia de San Andrés, a cuyo servicio estaba Isidro. San Isidro nos ofrece todo un programa de vida sencilla, de honrada laboriosidad, de piedad infantil aunque madura, de caridad fraterna, ejemplo para esta sociedad compleja, y llena de mundo, de vida callejera, de codicia y de egoísmo tantas veces

martes, 4 de mayo de 2010

Mayo, mes de la Virgen María


Sí, hermanas, María, desde el momento de su Concepción purísima y durante toda su vida se pareció al Hijo cuya vida, aun como Verbo de Dios, estuvo siempre «vuelta hacia el Padre» (1 Jn 1,1-2). Su Concepción inmaculada fue punto de arranque hacia la perfección consumada de estas dos actitudes o virtudes paradisíacas. Así como habían sido el Padre, el Espíritu y el Verbo de la Vida, su Hijo, quienes habían iniciado su existencia humana, plasmando en ella su imagen y santidad, así Ellos serían la Fuerza viva de su obrar y de su amor. María fue siempre la «vida vuelta hacia el Padre», toda del Padre, llena del Padre, reverberando siempre al Padre y su imagen, como lo fue el Hijo, expandiendo siempre amor y dependencia del Padre.( Madre Mercedes)